"Tenemos que ser motores del mundo agrario y del mundo rural. Nosotras somos el primer eslabón de la cadena que ha de tirar el mundo rural"
12/06/2018 | MARÍA ÁNGELES ROSADO PEINADO Socia de SAT Coagral (Guadalajara)

En esta vida se puede ser motor o vagón. Pero las mujeres tenemos siempre la capacidad de ser motor. Y en el mundo rural, nosotras somos motores para la continuidad y motores para el cambio. Aunque creo que también hemos sido un freno.

 

Llevamos décadas perdiendo población en los núcleos rurales y en la actividad agrícola y ganadera. Es muy duro casarse con un agricultor y dedicarse a la agricultura o a la ganadería con él. Porque no te casas con un hombre normal. Compartes tu vida con alguien que trabaja de sol a sol, de lunes a domingo, durante todo el año. No hay fines de semana, no hay apenas vacaciones ni fiestas. Las mujeres de los ganaderos o pastores, saben de los que hablo; y las mujeres de los agricultores de varios cultivos, como explotaciones de cereal y leñosos, en las que cuando terminas con los trabajos de un cultivo, ya vas tarde para el otro, también lo saben.

 

Tienen dos opciones; o aceptas que esto es así, o te unes a él y trabajas a su lado codo con codo. Pero cuando tienes hijos, tienes que repartirte. Y son ellos los que no disfrutan de su padre. Cuantas veces, cuando los niños son pequeños, los padres se van al camp y los niños duermen, y cuando vuelven del campo, por la noche, los niños ya están durmiendo, días y días sin ver crecer a sus hijos.

 

“Tenemos que ser motores del mundo agrario y del mundo rural. Nosotras somos el primer eslabón de la cadena que ha de tirar el mundo rural”

 

Si esta situación, además la vivimos en pequeños pueblos de menos de 1000, de 500 ó de 100 habitantes, la vida se hace muy dura. En muchos de estos pueblos no hay colegio, y a veces ni transporte escolar. No hay médico, como mucho una hora a la semana, no hay ningún tipo de servicio, ni público ni privado.

 

¿Y qué hemos hecho nosotras, las mujeres rurales, durante estas últimas décadas? Emigrar o decirles a nuestros hijos, “muchacho estudia, o te quieres ver como tu padre trabajando de sol a sol. Mira el fulanito, con sus fines de semana, sus vacaciones y viene al pueblo a descansar”.

 

O decirle a la hija, cuando tonteaba con el pastor, “ese chico no es buen partido, qué quieres, que te ponga a cuidar orillas”, o si se enamoraba del agricultor, le decíamos “hija, un destripaterrones no es para ti”.

 

Nosotras mismas, en muchos casos, hemos ido desprestigiando el oficio de agricultor y ganadero, nos ha parecido poco el mundo rural y hemos preferido el urbano, pensando que escalábamos socialmente al vivir en una ciudad y al casarnos con alguien de una jornada de ocho horas y buscar nosotras también esa jornada. Pero, ¿realmente una urbe llena de coches, ruidos, contaminación, desconocidos, atascos, etc, nos da la felicidad?

 

Hoy que tanto se habla del despoblamiento de las zonas rurales y de la falta de relevo generacional para el sector agrícola y ganadero. Somos nosotras las primeras que tenemos la obligación y la responsabilidad de cambio. Tenemos que ser motores del mundo agrario del mundo rural. Nosotras que somos creativas, trabajadoras incansables, que tenemos grandes ideas e iniciativas. Nosotros somos el primer eslabón de la cadena ha de tirar del mundo rural.

 

Tenemos que devolver el prestigio a la vida a nuestros pueblos y a nuestros medios de vida tradicionales. Tenemos que educar en igualdad a nuestros hijos e hijas. La chica puede llevar igual el tractor, la vendimiadora, o ser enóloga, y todo lo que sus sueños alcancen. Hay que enamorar a nuestros hijos de la vida en sus pueblos. Hay que inculcarles el gran valor de dar de comer a sus conciudadanos y al mundo, con productos de calidad. Tienen que organizar y racionalizar el trabajo y dejar tiempo para familia, el descanso y la diversión.

 

Hay que instruirlos, porque hoy en día, no vale con saber poner una buena besana, hay que ser grandes profesionales, bien formados, en gestión empresarial, ventas, estructuras de mercados, nuevas tecnologías, y un sinfín de herramientas que harán que su empresa agraria sea un éxito. Y les permita vivir de una profesión apasionante y en el lugar donde nacieron y se criaron.

 

Pero todo esto, no hay que esperar a que lo hagan nuestras hijas e hijos. Lo tenemos que hacer ya nosotras.

Tenemos que ser nosotras las que también tomemos las riendas de la explotación, las emprendedoras de nuevas empresas agroalimentarias, las socias de las cooperativas, pero no sólo de manera nominal, sino de manera real. Tenemos que formarnos, con interés y aplicar lo aprendido. Tenemos que estar activas y presentes en la sociedad civil. Tomemos las riendas de nuestro futuro, porque nosotras somos el futuro.

 

“La mujer debe estar presente en todas las esferas de la agricultura”

 

P:¿Qué le lleva a incorporarse a la titularidad compartida?

 

R: Llevo años ayudando en las tareas agrícolas de la explotación familiar en un segundo plano. Ahora que mis hijos son más mayores, puedo dedicarme de manera profesional a la agricultura, codo con codo con mi esposo, y de una manera visible. La figura de la titularidad compartida da esta visibilidad y me permite legalmente, aparecer también al frente de la explotación agrícola, cosa que realmente ya hacía.

 

P: ¿Qué beneficios está encontrando?

 

R: Beneficios tangibles, pocos. Si se obtienen beneficios a la hora de acceder a ayudas públicas, ya que el hecho de pertenecer a una titularidad compartida te da más puntos en los varemos de selección. Pero en los que respecta al funcionamiento normal y real de la explotación, es igual conmigo en los papeles que sin mí.

 

P:¿Qué barreras  se ha encontrado en los distintos trámites que ha llevado a cabo?

 

R: Todas las barreras han sido burocráticas. El modelo de la titularidad compartida, se puso en marcha en la provincia de Guadalajara el año pasado. Cuando me dirigí a las diferentes administraciones, Hacienda, Seguridad Social…no habían dado de alta ninguna explotación de titularidad compartida y había una completa descoordinación y desconocimiento entre las administraciones a la hora de llevar a cabo las gestiones, a pesar de que la ley de Titularidad compartida es del año 2011. Mi titularidad compartida fue una de las primeras de la provincia. Del mismo modo, echamos de menos que todas las administraciones públicas implicadas se hubieran reunido antes para establecer un protocolo conjunto de trámites necesarios.

 

Texto: Cooperativas Agroalimentarias de Castilla-La Mancha-