Cosechando sueños
01/03/2016 | Laura Martín representa la nueva hornada de agricultores en la que se abren paso mujeres y jóvenes

Laura Martín gestiona desde junio una explotación de maíz. Representa la nueva hornada de agricultores en la que se abren paso mujeres y universitarios.

Laura conoce cada palmo de la que hasta hace unos meses era la plantación de maizales de sus padres. Una explotación que ahora gestiona ella misma desde que decidió materializar una idea que sopesaba desde hace tiempo. “Podía haber vuelto a Madrid y optar a una oferta para trabajar como administrativo, pero decidí darme una oportunidad. Tras años en el sector de la construcción no quería quedarme con esa sensación de no probar algo que siempre había tenido en mente; creo que a nadie de mi familia ni de mi círculo de amigos le haya pillado por sorpresa”, explica.

Esta joven agricultora cultiva maíz en la zona de regadío del pantano de la Torre de Abraham. Cuenta con una explotación de 60 hectáreas en una provincia, la de Ciudad Real, muy pegada al campo. Quizás por esa razón, confiesa, haya sido todo “más fácil”. Cambiar la ciudad por el campo no ha sido el único cambio de Laura, puesto que este curso se ha matriculado en la Facultad de Ingenieros Agrónomos. “Aprovecharé los parones que deja el cultivo para estudiar una carrera con la que quiero formarme en la introducción de nuevas técnicas y cultivos. Es algo que mi generación estaba obligada a hacer; devolver en cierta medida todo el esfuerzo que han tenido que hacer nuestros padres por darnos unos estudios y una forma con al que ganarnos la vida”, comenta.

Joven, mujer y universitaria decidida a no poner puertas al campo. Un camino –que ella se abre al volante de una cosechadora- que debe seguir en su opinión la mujer que vive en pequeños pueblos como el suyo, Porzuna. “Ahora la mujer tiene múltiples posibilidades para iniciar una actividad agraria con perspectivas  de futuro, lo que falta es más información sobre muchos temas que le afectan. Tal es así que muchas desconocen hasta que pueden ser cotitulares de su explotación junto a su pareja”, concluye.